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Que no olvidemos, por Indradyumna Swami, 5 de junio de 2013

June 5 Ananta santi PrabhuDiario de un monje viajero, Volúmen 13, Capítulo 11

Apreciado Ananta-santi Prabhu:

Por favor acepta mis humildes reverencias. Toda gloria a Srila Prabhupada.

Con gran tristeza he recibido la noticia de tu reciente partida. En raras ocasiones expreso una profunda emoción, pero al enterarme de tu deceso rompí a llorar, pues siempre has sido un verdadero héroe para mí. Por disposición del Señor, conociste a nuestro maestro espiritual, Srila Prabhupada, en su primera visita a la antigua Unión Soviética en junio de 1971. Al conocer tu corazón, te dio la iniciación después de sólo unos cuantos días y te instruyó que difundieras el movimiento del Señor Caitanya por todo tu país. La confianza de Srila Prabhupada en ti fue revelada cuando dijo que: “Así como se puede juzgar si el arroz está adecuadamente cocido seleccionando un pequeño grano, se puede saber sobre una nación entera al observar a uno de sus jóvenes escogidos”.

Con las bendiciones de Srila Prabhupada, procediste sin temor a difundir los Santos Nombres a través de la Unión Soviética, con frecuencia expuesto a un gran riesgo. Tu esfuerzo fue inicialmente sin ayuda, pero hiciste devotos y pronto su prédica fue causando gran alarma entre los líderes comunistas de la época. En 1981, en un número de Kommunist, el periódico oficial del Partido Comunista, Semyon Tsvigun, el vicepresidente de la policía secreta KGB, escribió: “las tres mayores amenazas al estilo de vida soviético son la cultura occidental, la música rock-and-roll y los Hare Krishna”.

Sin embargo, tal advertencia no te disuadió, y continuaste predicando la conciencia de Krsna con gran vigor. Después de once años, tus esfuerzos finalmente atrajeron la atención del KGB, que te arrestó en 1982.

Mientras se esperaba el juicio, fuiste confinado a la Prisión de Investigaciones Butyrskaya. En junio de 1983, fuiste juzgado y declarado culpable de “violación a los derechos de los cuidadanos bajo la apariencia de realizar ceremonias religiosas”. Como castigo, fuiste recluído en el temido Hospital Psiquiátrico Especial de Smolensk, en vez de en una prisión. Ésto permitió a las autoridades mantenerte por un período indefinido de tiempo. En el hospital siquiátrico continuamente te fue administrado haloperidol, una droga neuroléptica que causa convulsiones en los músculos faciales y deterioro de la condición mental. En abril de 1986, fuiste transferido al Hospital Siquiátrico Especial en Oryol, donde recibiste el mismo severo tratamiento.

Para entonces, tú y los otros prisioneros devotos en la Unión Soviética habían atraído la atención mundial de las organizaciones de los derechos humanos, y de los devotos dentro de nuestro movimiento. Cuando empezaron a llegar numerosas cartas y paquetes al hospital siquiátrico, el personal respondió atándote con correas a tu cama y administrándote grandes dosis de la droga sulfazine. Esto causó que sufrieras fiebres altas, dolores y alucinaciones. Cuando tu esposa fue a visitarte al hospital y preguntó a los doctores cuándo serías puesto en libertad, ellos respondieron: “El entendimiento de la vida y de la realidad no se cura muy rápidamente”.

Años más tarde fuiste puesto en libertad, pero debido a que estuviste fuertemente afectado por el trato inhumano que recibiste en la prisión, te distanciaste del servicio devocional y de la asociación de los devotos durante cierto tiempo. Sin embargo, nadie debería tomar esto en contra tuya, porque ésto fue claramente el resultado de las horrorosas drogas que te administraron durante tu encierro. En años recientes reestableciste tus relaciones amorosas con muchos devotos y reanudaste la práctica de la conciencia de Krishna.

Mi querido hermano espiritual Ananta-santi, no tengo ninguna duda de que al dejar tu cuerpo fuiste llevado directamente al mundo espiritual, donde Srila Prabhupada te recibió personalmente y te ocupó en servicio. Seguramente, los residentes de esa morada trascendental deben haber organizado un magnífico festival en tu honor ese día. Ciertamente te lo mereces. Los sacrificios que hiciste difundiendo la conciencia de Krsna, el sufrimiento que padeciste al ejecutar esa misión, y la determinación que exhibiste al servir la orden de nuestro maestro espiritual son excepcionales, incluso entre los vaisnavas gaudiyas.

Que todos los vaisnavas conozcan tus hazañas. Que ellos honren el dolor que soportaste y la fe que recobraste a pesar de todos los esfuerzos de las autoridades comunistas para destruirla. Que no olvidemos, sino que constantemente recordemos tu contribución excepcional al movimiento de sankirtana  del Señor Caitanya. Desde tu posición trascendental, por favor mira a esta alma humilde y concédeme el mismo coraje que tuviste para difundir ampliamente las glorias de los Santos Nombres, a pesar de una gran oposición.

Con el más profundo respeto y admiración, tu sirviente,

Indradyumna Swami