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Ofrenda de Vyasa-puja a Srila Prabhupada

Srila Prabhupada VPMi querido Srila Prabhupada:

Por favor acepte mis postradas reverencias en el polvo de sus divinos pies de loto. Toda gloria a Su Amorosa Divina Gracia y a su auspiciosa llegada a Estados Unidos.

En estos momentos sus devotos y admiradores reflexionan sobre su trascendente partida de la India, y su histórica llegada a Estados Unidos cincuenta años atrás. ¿Qué pudo haberlo motivado a hacer ese histórico viaje, y cómo pudo haber tenido éxito en su misión imposible?

En Los Ángeles en 1968, en el día de la desaparición de su Guru Maharaja, Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakura, usted explicó el encargo que se le hizo: “Bhaktisiddhanta Sarasvati Gosvami Maharaja. . . realizó penitencias muy severas para iniciar este movimiento mundial. Esa fue su misión. En 1896 Bhaktivinoda Thakura, deseando introducir este movimiento de conciencia de Krishna, envío el libro Shree Chaitanya Mahaprabhu, Su vida y preceptos. Afortunadamente, ese año fue el año de mi nacimiento, y por arreglo de Krishna, estramos en contacto. . . ¿Quién sabía que yo iba a llegar bajo su protección? ¿Quién sabía que yo iba a venir a Estados Unidos? ¿Quién sabía que vosotros jóvenes americanos vendrían a mí? Todo ello es por arreglo de Krishna. No podemos entender cómo ocurren las cosas.

“Hace treinta y dos años en Bombay, alrededor del 9 o 10 de diciembre, le escribí una carta a Guru Maharaja, que se encontraba indispuesto y estaba en Jagannatha Puri, a orillas del mar: ‘Mi querido maestro, sus otros discípulos, brahmacaris y sannyasis, le prestan un servicio directo. Yo soy un padre de familia; no puedo vivir con usted, no puedo prestarle un buen servicio. Así que desconozco, ¿de qué manera puedo servirle?’. Era simplemente una idea, yo estaba pensando en prestarle servicio: ‘¿Cómo puedo servirle seriamente?’. La respuesta llegó fechada el 13 de diciembre de 1936. En esa carta me escribió: ‘Mi querido tal y tal, me alegró mucho recibir tu carta. Creo que deberías tratar de impulsar nuestro movimiento en  el idioma inglés’.  Eso fue lo que escribió. ‘Y eso te hará bien a ti ya las personas que te ayudarán.’ Esa fue su instrucción. Y luego, el 31 de diciembre de 1936 —sólo quince días después de escribir esa carta—, falleció.

“Tomé muy en serio la orden de mi maestro espiritual, pero no pensé que tendría que hacer tal cosa. Yo era entonces un padre de familia, pero fue el arreglo de Krishna. Si tratamos de servir estrictamente al maestro espiritual, de seguir estrictamente su orden, Krishna nos dará todas las facilidades. Ese es el secreto. Aunque no había posibilidad alguna, nunca lo pensé, pero lo tomé seriamente estudiando un comentario de Visvanatha Cakravarti Thakura en la Bhagavad-gita. En relación con el verso vyavasayatmika-buddhir ekeha kuru-nandana [Bg 2.41], Visvanatha Cakravarti Thakura comenta que debemos tomar las palabras del maestro espiritual como nuestra vida y alma. Debemos tratar de llevar a cabo estrictamente la instrucción específica del maestro espiritual, sin preocuparnos por el beneficio o la pérdida personal”.

Para prepararse para su partida a Estados Unidos, usted mantuvo un intenso programa de sadhana y oración para recibir la misericordia y el poder para ejecutar su servicio, según relató el pujari de la casa de Sri Advaita Acarya en Santipura. Él fue a su Mayapur Candrodaya Mandira llevando un ejemplar del De Vuelta al Supremo con un artículo sobre usted, titulado “Una vida en preparación”, y narró lo siguiente:

“Hace poco me di cuenta de algo asombroso que quiero compartir con todos los devotos. He sido el pujari y sevaite de la casa de Advaita Acarya durante muchos años. Yo estuve allí en las décadas de 1940 y 1950. En aquel tiempo, me percaté de que un devoto grhastha bengalí solía ir al templo con regularidad. Iba vestido con khadi, dhoti y kurta blancos, y siempre iba solo. Se sentaba sin hablar en la parte posterior del mandira, y cantaba hari-nama en su mala con voz muy baja y profundamente. Noté que iba en fin de semana, por lo general una vez cada uno o dos meses de forma regular. Después de cantar allí durante varias horas, antes de irse siempre me daba las gracias. Su presencia era profunda, y me sentí atraído por él. Ya que sus devociones eran solitarias, nunca le hablé para no interrumpirle. A veces de casualidad vi que mientras cantaba, sus ojos se llenaban de lágrimas y su voz se entrecortaba.

“Luego no fue durante mucho tiempo. Pero recuerdo claramente que en agosto de 1965 vi a un sannyasi vestido de color azafrán sentado en la parte posterior del mandira. En un momento reconocí a mi viejo amigo de antes. Se quedó nuevamente durante un largo tiempo rezando el maha- mantra Hare Krishna. Yo podía ver cómo sus cuentas iban moviéndose; él tenía los ojos cerrados en concentrada devoción y estaba llorando, aún más de lo que solía llorar mientras repetía el Santo Nombre. Al atardecer, ofreció su dandavata pranama por un largo rato. Cuando se levantó, se acercó a mí y de nuevo me dio las gracias por mi seva allí en el Advaita Bhavan. Le pregunté: ‘¿Quién es usted? Lo recuerdo de hace tiempo atrás’.

“Y respondió: ‘Mi nombre es Abhaya Caranaravinda Bhaktivedanta Swami. Soy un indigno discípulo de Su Divina Gracia Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakura Srila Prabhupada, mi divino maestro. He venido aquí durante mucho tiempo porque mi Gurudeva me dió una misión imposible. Su deseo fue que yo atraviese el océano y vaya a los países occidentales para difundir las sublimes enseñanzas de Sri Caitanya Mahaprabhu. Ahí hay un sinnúmero de almas que nunca han oído hablar de Sri Sri Radha-Krishna, y por ello están sufriendo enormemente. Desconozco cómo su misión tendrá éxito, así que he estado viniendo a esta casa especial de Advaita Acarya, donde Él, Nityananda Prabhu y Sri Caitanya Mahaprabhu se reunían para planificar el movimiento de sankirtana. Fue aquí donde Ellos iniciaron la inundación del amor por Dios que se extendió por toda la India y continúa hasta el día de hoy. Es por eso que he estado aquí orando fervientemente, para que Ellos me otorguen Su misericordia, para que de alguna manera me empoderen y guien. Quiero satisfacer el deseo de mi Gurudeva, pero no me siento cualificado para hacerlo’.

“Mientras me hablaba, vi que lágrimas caían por sus mejillas otra vez. Luego añadió: ‘Mañana me voy a Calcuta para tomar un barco que cruzará el océano hacia América. No sé lo que me espera allí, pero oro fervientemente aquí por ayuda’. Luego humildemente me pidió mis bendiciones. Me sentí conmovido por la sinceridad y determinación de este vaisnava cuando lo vi antes de salir en su viaje.

“Fue unos años después que empecé a notar que, por primera vez, vaisnavas de piel blanca iban al Advaita Bhavan. Vestían dhotis y saris y cantaban rondas con tulasi-malas. Nunca hablé con ellos, pero en una ocasión uno de ellos me dio esta revista De Vuelta al Supremo de Estados Unidos. Al mirar las fotografías, de pronto reconocí una pintura que representaba al fundador-acarya que había llevado la conciencia de Krishna al Occidente. Era una imagen de mi amigo Bhaktivedanta Swami, que había ido a orar allí en numerosas ocasiones. Entonces comprendí que él en verdad había logrado la misión imposible de su Gurudeva. Vi que efectivamente era él, que empezó por sí solo y sin pretensiones, quien había logrado este glorioso milagro contra todo pronóstico.

“Al ver esto, vine aquí a su templo en Mayapur para daros esta información. Sé que él ahora se ha ido de este mundo, pero pensé que tal vez os gustaría saber esta historia acerca de vuestro amado y también mi amado Srila Prabhupada.”

En su charla en el día de la desaparición de su Guru Maharaja, usted nos pide que continuemos la misión de su predecesor,  con el mismo espíritu. “Algo intenté con ese espíritu, por lo que él me ha dado todas las facilidades para que pueda servirle. Las cosas han llegado a esta fase, en la que a esta edad avanzada he llegado a su país, y vosotros también os estáis tomando en serio este movimiento, y estáis tratando de entenderlo. Ahora tenemos algunos libros; hay un pequeño punto de apoyo en este movimiento. Así que en esta ocasión de la partida de mi maestro espiritual, así como estoy tratando de ejecutar su voluntad, de igual modo también voy a pediros que ejecutéis la misma orden a través de mi voluntad. Soy un anciano, también puedo fallecer en cualquier momento. Es la ley de la naturaleza, nadie puede detenerla, así que eso no es muy sorprendente. El llamamiento que os hago en este día auspicioso de la partida de mi Guru Maharaja es que, ya que en cierta medida habéis entendido la esencia de este movimiento de conciencia de Krishna, tratéis de impulsarlo. La gente está sufriendo por falta de esta conciencia.

“Como cada día oramos a los devotos:

vancha-kalpatarubhyas ca
krpa-sindhubhya eva ca
patitanam pavanebhyo
vaisnavebhyo namo namah

[“Ofrezco mis respetuosas reverencias a todos los devotos vaisnavas del Señor. Ellos pueden complacer los deseos de todos, tal como árboles de los deseos, y están llenos de compasión por las almas caídas.”] Un vaisnava, o devoto del Señor, dedica su vida para el beneficio de los demás. Como sabéis —la mayoría de vosotros pertenecéis a la comunidad cristiana—, el Señor Jesucristo dijo que se sacrificó por vuestras actividades pecaminosas. Es la determinación del devoto del Señor; ellos no se interesan por las comodidades personales. Puesto que aman a Krishna, o Dios, ellos aman a todas las entidades vivientes, porque todas las entidades vivientes están relacionadas con Krishna. Así que debéis aprender del mismo modo. Este movimiento de conciencia de Krishna significa volverse vaisnava y sentir compasión por la humanidad sufriente.”

* * *

Para prepararnos, a sus seguidores, para continuar su misión, Srila Prabhupada nos enseñó, nutrió y cuidó desinteresadamente. En una ocasión en Calcuta, encontró el templo en muy mal estado debido a sus escasos recursos y a que el presidente estaba ocupado con un negocio de inciensos del templo. El presidente pasaba la mayor parte de su tiempo en su oficina atendiendo el negocio con un devoto que era su vendedor, y estaba descuidando a los demás devotos, que no tenían a nadie más quien los cuidara. En aquellos días éramos bastante pobres, y los devotos vivíamos en condiciones muy austeras. Por ejemplo, nunca tomábamos leche ni ghi, sólo arroz, dal y sencillos vegetales hervidos. Un devoto, Sudama Vipra, tenía un cuerpo grande y fuerte, y se sentía desnutrido. Así que después de los aratis, después de que el fuego se había apagado de las lámparas de ghi, él exprimía el poco ghi que quedaba en las mechas encima de chapatis u otro prasada.

Cuando Srila Prabhupada llegó, muchos devotos fueron donde él para quejarse de la situación, y le preocupó. Después de escuchar las quejas de muchos devotos, finalmente convocó una reunión. Prácticamente todos los devotos del templo fueron a la habitación de Srila Prabhupada, que escuchó con empatía lo que cada uno dijo. Él estaba realmente preocupado y quería mejorar las cosas, así que introdujo un sistema: nombró a ciertos líderes y dijo que debían reunirse cada semana y discutir los problemas. Y que lo que decidieran lo escribieran en un libro de actas que firmarían, y luego harían lo que habían acordado.

Pero entonces el humor de Srila Prabhupada pareció cambiar, y dijo: “En realidad, no debemos involucrarnos demasiado en esos asuntos, porque nuestro verdadera tarea es cantar y escuchar acerca de Krishna, y si nos centramos demasiado en proyectos materiales, olvidaremos nuestra verdadera tarea de conciencia de Krishna”. Dijo que tenemos la tendencia a hablar de temas mundanos, y que debemos ser cuidadosos para tratar de minimizar las conversaciones mundanas y centrarnos en cantar y escuchar acerca de Krishna.

Luego Srila Prabhupada dijo que él nunca se quejaba, porque su norma era: “Todo para Krishna; nada para mí mismo”. Mencionó que había sufrido en diversas maneras durante el establecimiento del movimiento de conciencia de Krishna; había luchado para conseguir un pasaje a los Estados Unidos, y luego en la travesía había sufrido dos ataques al corazón en alta mar. Incluso cuando llegó a Estados Unidos había sufrido en diversas maneras, había sentido un zumbido en los oídos y la cabeza: “Ni siquiera puedo describir lo mucho que he sufrido”, dijo. “Tampoco quiero hacerlo.” Pero él nunca se quejó.

“Todo para Krishna; nada para mí mismo.”  Es por eso que, como un servicio a Krishna, Srila Prabhupada nos prestaba servicio —porque su objetivo supremo era llevarnos de vuelta a nuestra relación eterna con Krishna y ocuparnos en Su servicio—. Básicamente, él nos bañaba, nos alimentaba y nos vestía, enseñándonos a vivir como seres humanos, para finalmente llevarnos a la posición en la que pudiera ofrecernos para el servicio de Krishna.

Él pidió una sola cosa: que continuáramos su misión.

En mi caso, me pidió que escribiera.

En Gorakhpur, Sri Hanuman Prasad Poddar, el conocido director de la Gita Press, había invitado a Srila Prabhupada y a los devotos a que se alojaran en el Shri Krishna Niketan, su gran propiedad palaciega y antigua residencia.

Allí Srila Prabhupada recibió el último ejemplar de la revista De Vuelta al Supremo,  que incluía un artículo que yo había escrito en Boston antes de irme a la India: “El maestro espiritual genuino”. Era el primero que había escrito. Srila Prabhupada se sintió muy alentado por el artículo y me llamó.

“He visto tu artículo en el De Vuelta al Supremo”, dijo. “Es muy bueno. Tú debes escribir; es tu tarea principal, continúa escribiendo. Necesitamos muchos de estos artículos sobre la conciencia de Krishna. Así que debes dedicarte a escribir.”

“Lo intentaré”, le contesté. “Pero ¿por qué me lo pide a mí? No tengo ninguna cualificación especial.”

“Necesitamos que muchos hagan este trabajo”, dijo, “y te necesitamos a ti también. Así que viaja conmigo y yo te guiaré. Ven y quédate conmigo”.

Al final, nunca llegué a viajar con Srila Prabhupada ni me guió personalmente en escribir, pero la instrucción permaneció.

Unos años más tarde, la noche en que Srila Prabhupada finalmente consiguió obtener el terreno de Juhu, después de la firma de los documentos y de compartir prasada, se reclinó en los almohadones de su asana y comentó: “¡Fue una buena batalla!”. Y luego agregó: “Alguien debería escribir un libro sobre ello”. Así que siempre tuve en mente escribir ese libro, por la gracia de Srila Prabhupada.

Más adelante, en una conversación en junio de 1977, reiteró su deseo de que se escribiera el libro:

Tamal Krishna: Usted siempre sale victorioso —siempre—. Nunca lo he visto derrotado. En Bombay era absolutamente imposible; parecía imposible.

Prabhupada: Nadie nos alentó, ni una sola persona. ¿Quién podía ver que un proyecto tan grande se erigiría?

Tamal Krishna: Sólo usted podía verlo, usted y Radha-Rasabihari—. Yo estaba. . .

Prabhupada: Sin embargo, yo estaba determinado a realizarlo: “No, este es un muy buen lugar”.

Tamal Krishna: Se debería escribir un libro sobre ello.

Prabhupada: Sí, vale la pena escribirlo, es historia.

Srila Prabhupada, para un alma caída como yo, esa tarea es imposible. Carezco de un sadhana y oración intensos, me falta entrega y fe, carezco de experiencia y confianza, y me falta humildad y pureza. Pero recuerdo lo que usted escribió a su llegada a Estados Unidos en septiembre de 1965, a bordo del Jaladuta en el Commonwealth Pier de Boston:

“Soy muy desdichado, no tengo buena cualidad alguna, y soy el más caído. Por eso busco Tu bendición. . .

“Por algún motivo, ¡oh Señor!, me has traído aquí para que hable de Ti. Ahora, mi Señor, depende de Ti que tenga el éxito o el fracaso; como Tú quieras.

¡Oh, maestro espiritual de todos los mundos! Yo sólo puedo repetir Tu mensaje. De manera que si Tú lo quieres, puedes hacer que la fuerza de mi palabra se adapte. . .

“Sólo por Tu misericordia sin causa podrán ser puras mis palabras. . . 

¡Oh, Señor! No soy más que un títere en Tus manos. Así que, si me has traído aquí para que baile, haz que baile, haz que baile, ¡oh, Señor!, haz que baile como Tú quieras.”

Además, Srila Prabhupada, dependo de la misericordia y el apoyo de sus discípulos y seguidores sinceros, y a ellos también les ruego.

durgame pathi me ’ndhasya
skhalat-pada-gater muhuh
sva-krpa-yasti-danena
santah santv avalambanam

“Mi camino es muy difícil. Soy ciego, y mis pies resbalan una y otra vez. Que los santos me ayuden dándome como sostén el bastón de su misericordia.” (Cc Antya 1.2)

Estoy seguro de que la misericordia de usted y de sus discípulos y seguidores sinceros traerán muchos éxitos.

Su eterno aspirante a sirviente,
Giriraj Swami